“Regrésate a la cocina, perra”. “Pareces una prostituta”. “Eres puro plástico que no sirve para nada”. “Quiero violarte hasta que sangres”.
Por Claudia Pedraza
Todos los días, a todas horas. Con solo 140 caracteres, suficientes para sembrar miedo, coraje e impotencia. Lanzados desde cualquier smartphone, como si fueran balas.
Estas son algunas de las muchas frases que cotidianamente reciben Jimena Sánchez, Verónica Rodríguez y Marion Reimers a través de sus cuentas de twiter. Las tres trabajan en la cadena de FOX Sports, pero saben que no son las únicas a las que les pasa esto. Muchas otras que laboran en los espacios deportivos de los medios de comunicación como reporteras, como conductoras o como comentaristas también los reciben. Sin importar que rol desempeñen, para quienes escriben estos tuits las mujeres que trabajan en el área de deportes merecen descalificaciones, insultos y amenazas:
Por cómo se visten. Por cómo hablan. Por lo que dicen. Por lo que no dicen. Por sonreír, por expresarse, por tener una opinión. Por trabajar en un ámbito que, de entrada, no les corresponde.
Y al igual que todas, Jimena, Verónica y Marion están cansadas. Pero además, están decididas a trabajar para que esto cambie.
En días pasados, lanzaron la primera campaña de Versus, una iniciativa que tiene por objetivo eliminar la violencia y discriminación en el periodismo deportivo. En conjunto con el Centro Horizontal, esta campaña inicial pretende denunciar el acoso virtual que, desde el anonimato y la impunidad que permiten las redes sociales, enfrentan las reporteras, conductoras y comentaristas de deportes.
Un acoso que no se puede calificar como menor en un país donde cada cuatro minutos una mujer es violentada. En donde 6 de cada 10 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia. Y en donde 16 de 32 estados tienen encendida la alerta de género por el número de feminicidios. La violencia que estas mujeres enfrentan es parte de la violencia estructural que día con día enfrenta la mitad de la población mexicana.
En el caso del periodismo deportivo, esta situación adquiere un matiz particular porque de entrada, la presencia femenil es una presencia cuestionada aún en nuestros días. “¿Y… sí sabes de deportes?” es la pregunta de bienvenida para la mayoría de las mujeres que ingresan a una redacción. En una sociedad en la cual los deportes se han naturalizado como un campo propiamente masculino (es decir, en donde se cree que todos los hombres, por el hecho de serlo, tienen aptitudes y conocimientos innatos) la presencia de las mujeres se ve como una invasión a un espacio que no les es propio. Por eso, lo que ellas hagan, digan o consigan es constantemente atacado, a veces de manera sutil, muchas otras de forma intimidatoria.
Desde este imaginario, cuando alguna conductora expresa su opinión, le dicen que ella “no sabe”, que se “dedique a otra cosa”, que “se vaya a la cocina”. Si una periodista comenta algo que no le parece a la audiencia, le escriben que “le hace falta coger”. Si adopta un estilo serio, le piden que “muestre carne para que no aburra al público”. Si decide usar un vestido, la tachan de “teibolera”. No importa lo que hagan o dejen de hacer, el ataque es permanente y por demás violento.
“Y yo no me quiero acostumbrar a vivir todos los días esta violencia por salirme del rol de género o vestirme como me quiero vestir. Es cansado”, dice Verónica Rodríguez al presentar el proyecto.
Por eso, la iniciativa de Versus solo se puede calificar como valiente. Desafiar la violencia y discriminación normalizadas en el periodismo deportivo no resulta sencillo. Aunque en los primeros días esta campaña ha encontrado eco en el gremio periodístico, también ha generado reacciones que ponen en evidencia las resistencias y los prejuicios existentes:
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“¿Pero cómo no quieren que las insulten con la ropa que traen puesta?”, porque lo normal es que las mujeres merezcan insultos por el largo de la falda o el escote.
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“¿De qué se quejan si ellas se prestan y aceptan salir así?”, porque lo normal es que se responsabilice a las mujeres por aceptar las dinámicas, los estereotipos y los roles que otros construyen, diseñan y aprueban.
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“Las verdaderas profesionales no necesitan mostrarse de esa forma”, porque lo normal es que se califique el profesionalismo de las mujeres por la ropa que traen puesta.
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“¿Para qué hablan de violencia si ellas aceptan trabajar en eso?” porque lo normal es aceptar la violencia, callarse y aguantarla.
Pero lo que Versus busca es que todo esto deje de ser normal. Que se deje de justificar el ataque, el insulto, la amenaza. Que nadie despierte con un tuit en el que le digan que la van a violar hasta sangrar.
Por eso, se trata de ir más allá de la denuncia. El proyecto pretende organizar foros, talleres de concientización, campañas y conferencias para analizar, diseñar estrategias y erradicar esta violencia. Sí, la que cabe en 140 caracteres. Pero también la que se vive en las redacciones. La que se ve en los contenidos que reproducen estereotipos sexistas. La que se enfrenta cuando las mujeres periodistas quieren acceder a espacios de opinión, de edición, de toma de decisiones. La que ejercen los y las colegas con los comentarios al aire o en el pasillo, algunos con tintes benevolentes, otros francamente despectivos.
Y para esto, requiere de la participación de todo el gremio. “No somos mujeres aislándonos de los otros” expresa Marion Reimers, quien encabeza la iniciativa. Versus hace un llamado colectivo para modificar la cultura discriminatoria que existe en el periodismo deportivo. No solo la que reproduce la violencia de género, sino también la que discrimina por raza y por clase. No solo la que enfrentan las mujeres periodistas, sino aquella que también enfrentan colegas, deportistas y audiencias.
Usualmente, creemos que versus significa “estar en contra” o “estar en pugna”. Pero en su acepción original, versus significa “dirigirse hacia”. Este proyecto no solo está en contra de la violencia y la discriminación. También se propone dirigir al periodismo deportivo hacía un nuevo rumbo, en el que expresar la riqueza de la diversidad humana sea posible.











