LAS ILUSIONES SE TRAZAN BAJO EL AGUA

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Cristina Herrera

Hay quienes las llaman las guerreras acuáticas porque, entre chapoteos luchan por sus ilusiones y contra las carencias que sufren al practicar un deporte como el waterpolo. Son mexicanas y son jóvenes, y esta semana participarán en el Mundial Juvenil de la especialidad que se realizará en Nueva Zelanda a partir del próximo 12 de diciembre.

Las jóvenes sirenas se enfrentan a la historia, pues además de ser la primera ocasión que un combinado nacional de este deporte representará a nuestro país en una justa mundialista, también quieren romper con esos números que, al final, terminan siendo fríos y reveladores: México sólo ha logrado destacar a nivel centroamericano en el waterpolo.

De hecho, la única vez que una selección mexicana femenil de la especialidad consiguió algo, fue en los Juegos Centroamericanos de Cartagena 2006, cuando se colgaron el bronce en la justa. Sin embargo, no han corrido con la misma suerte ni en Juegos Panamericanos ni en Olímpicos.

Es un deporte muy completo, combina la natación más aparte la fuerza que puedas tener para poder lanzar un balón y pues yo invito a los que no sepan qué es el Waterpolo, a que lo conozcan…y pues nosotras esperamos llevar este deporte muchísimo más en alto para que se dé a conocer y que no se acabe”, aseguró la capitana de la escuadra, Diana Laura Rojas Aguilar, en declaraciones a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade).

No obstante, esta es una de las disciplinas que, históricamente, no ha significado una prioridad en los recursos de las autoridades deportivas, al no ser un deporte que otorgue resultados en competencias internacionales.

Quizá por ello, las nadadoras deben enfrentarse a carencias como falta de lugares para entrenar, bajos recursos económicos destinados para promover, difundir y financiar a las selecciones de alto rendimiento.

Por ende, tampoco cuentan con un patrocinador que pueda costear los aditamentos que se requieren para la práctica de esta disciplina como trajes de baño, gorras y balones que, en ocasiones, tienen un costo de casi 2,000 pesos por integrante.

El waterpolo femenil, también, igual que otros deportes acuáticos como la natación, sufren por la falta de un proyecto a largo plazo que los haga crecer, tampoco tienen un plan de trabajo.

Por ejemplo, para los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, la selección femenil que compitió en la justa apenas se integró con dos años de anticipación –las nuestras terminaron en el sexto puesto de ocho competidoras– mientras que en países como Holanda o Francia, los programas son de por los menos cuatro años.

Pese a ello, las seleccionadas mexicanas están optimistas y confiadas en que podrán hacer un buen papel en el campeonato mundial.

Existe una buena unión del equipo y pues creo que seguiremos así y en mi expectativa yo digo que podríamos quedar entre los primeros diez de todo el mundo en nuestra categoría”, dijo Rojas Aguilar, aunque aseguró que el resto de las rivales son muy fuertes y difíciles de vencer.

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