La primera medalla olímpica en la historia de Kosovo, de la mano de la judoca Majlinda Kelmendi. El récord de 400 metros en natación, superado por la estadounidense Kathleen Ledecky. Los primeros goles de la brasileña Marta, que ya asegura su lugar como la mejor futbolista del mundo. Estas son algunas de las hazañas de las más de 5 mil mujeres que compiten en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro. Juntas, conforman el 45 % del total de atletas, el mayor porcentaje de participación femenina en la historia de los juegos. Hasta ahora.

Quizá, en uno o dos ciclos olímpicos, el 50-50 sea una realidad. Desde hace dos décadas, el porcentaje de mujeres aumenta en cada edición de los juegos. En 1992, con casi un siglo de participación olímpica, las deportistas representaban apenas el 29 % de las delegaciones. En poco más de veinte años, incrementaron su presencia para casi alcanzar la paridad ¿Qué fue lo que impulsó este crecimiento? O mejor dicho ¿Quién?
Contrario a lo que se podría imaginar, no fueron deportistas. El impulso llegó gracias a una física nuclear, una abogada y una primera ministra europea. Tres aguerridas mujeres que libraron un duelo contra el Comité Olímpico Internacional (COI), en un frente de batalla llamado Comité Atlanta Plus.
Todo comenzó en Barcelona, 1992. La delegación de Sudáfrica se llevaba las palmas en el desfile inaugural. Había permanecido 20 años suspendida del COI, a causa de la política del Apartheid que, entre otras cosas, no permitía que atletas de raza negra representaran al país. Esta política era contraria a la carta olímpica, que señala como objetivo la construcción de un mundo mejor a través de la práctica deportiva libre de toda discriminación. Así que cuando la segregación racial fue abolida, el COI abrazó de nuevo a los atletas sudafricanos, mostrándole al mundo que para el olimpismo cualquier tipo de discriminación era inadmisible. O casi cualquier tipo.
Justo cuando el COI celebraba el regreso de Sudáfrica, a alguien le llamó la atención que un número considerable de delegaciones no incluyeran mujeres. Para ser exactos, 35 delegaciones. La mayoría, países musulmanes que no permitían que sus deportistas compitieran en el ciclo olímpico debido a sus políticas religiosas.
Ese “alguien” era Anne Marie Lizim, representante del Consejo de Ministros de la Comunidad Económica Europea y secretaria de estado del gobierno belga. Lizim comentó su inquietud con Annie Sugier, en ese entonces Directora de Seguridad en la Comisaría para la Energía Atómica de Francia. Ambas habían colaborado en numerosas organizaciones en favor de los derechos de las mujeres con la abogada francesa Linda Weil Curiel, especialista en derechos humanos, ganadora de condecoraciones por su trabajo humanitario.
Ninguna era especialista en deportes: su trabajo giraba en torno a las mujeres refugiadas, el impulso a mujeres científicas, la mutilación genital femenina o la custodia infantil. Pero algo sabían con certeza: para propiciar los cambios, era necesario llevar el tema con los altos mandos, y en eso sí tenían experiencia. Así nació el Comité Atlanta Plus (Atlanta +).
El objetivo inicial del comité fue claro: generar líneas de acción institucionales para aumentar la participación femenina en los Juegos de Atlanta 1996. Para esto, a principios de 1993, Atlanta Plus lanzó una petición radical: que el COI suspendiera de la justa a aquellos países que no incluyeran mujeres de sus delegaciones. El argumento del comité era contundente: si el COI había suspendido a un país a causa de su política de discriminación racial, ¿por qué no aplicaba la misma medida con los países que mantenían políticas de discriminación de género?
La iniciativa de Atlanta Plus incluía otras medidas como el financiamiento para el impulso al deporte femenil desde temprana edad, el incremento de las mujeres en los puestos de decisión de las instituciones deportivas y el aumento de pruebas en la rama femenil. La propuesta se tradujo al árabe, al inglés, al español, y se distribuyó por las federaciones de todo el mundo. Pronto, las deportistas se incorporaron al trabajo y comités olímpicos nacionales como el de Alemania, Bélgica, Francia, Canadá y Estados Unidos se mostraron dispuestos a apoyar la solicitud de Atlanta Plus. Pero el COI rechazó su petición. La respuesta: no se podía obligar a los países a incluir mujeres en sus delegaciones si eso atentaba contra su autonomía religiosa.
Weil Curiel declaró en ese entonces a la prensa británica: “Efectivamente, no puede obligarlos. Si los iraníes, por ejemplo, quieren practicar deporte de una manera determinada en Irán, no hay nada que decir. Pero lo que es inadmisible es que el olimpismo avale esas prácticas en una justa internacional, ya que están traicionando la propia carta olímpica»[1].
Pese a las críticas, el COI mantuvo su negativa. Y fin de la historia: Atlanta Plus solo consiguió el rechazo oficial.

Pero en realidad, la propuesta rechazada se convirtió en la punta de lanza para una serie de cambios estructurales. La posición e influencia de las mujeres de Atlanta Plus atrajo la atención mediática y puso el tema sobre la mesa del COI, que empezó a ser señalado por no actuar. El Consejo Parlamentario de Europa, la ONU, el Foro Mundial de Actividad Física y Deporte realizaron conferencias para discutir la evidente discriminación del deporte femenil. El asunto no se podía ignorar más. Para 1995, el COI creó el Grupo de Trabajo de Mujeres en el Deporte, al frente del cual colocó a la ex atleta Nawal El Moutawakel, la primera mujer musulmana en ganar una medalla de oro olímpica; quién, además, era una de las integrantes más activas de Atlanta Plus. Un año más tarde, este grupo organizó la Primera Conferencia Internacional sobre Mujer y Deporte, celebrada en Brighton, donde representantes de más de 82 países se reunieron para discutir líneas de acción concretas para aumentar la participación femenina en todos los niveles del ámbito deportivo. No solo las deportistas, sino las federaciones, los comités nacionales y las organizaciones internacionales comenzaron a crear una política de impulso al deporte femenil.
En 1996, justo para los Juegos de Atlanta, a la Carta Olímpica se le añadió un párrafo para señalar que una de las funciones del COI era estimular y apoyar la promoción de las mujeres en el deporte, a todos los niveles y en todas las estructuras. Para esa edición, la participación femenina alcanzó un 34 % y solo 26 delegaciones no llevaron mujeres. En Sídney 2000 creció hasta un 38 %; para Atenas 2004 llegó al 41%, en Beijing 2008 al 42% y en Londres 2012, con 44 %, por primera vez todas las delegaciones llevaron al menos una competidora a la justa.
Cuando esto ocurrió, la incansable Annie Surgier declaró a la prensa de su país que aún faltaba mucho por hacer: con los países islámicos, con los puestos de poder en las instituciones deportivas, con la cobertura mediática[2]. Tanto ella como Linda Weil Curier y Marie Lizim (fallecida en el 2015) continuaron cercanas a las acciones de Atlanta Plus, pero dejaron que las propias deportistas tomaran las riendas. Sí, perdieron su duelo contra el COI, pero echaron a andar toda la maquinaria para ganarle a la discriminación. Y veinte años después de Atlanta, más de 5 mil mujeres, muchas de ellas musulmanas, le están dando la vuelta al marcador.
Datos para la Infografía
En los juegos de Río de Janeiro, participan más de 5 mil mujeres, que representan casi la mitad de los competidores
| Participantes | Total | % |
| Mujeres | 5138 | 45 |
| Hombres | 6222 | 55 |
| Total | 11360 | 100 |
Hasta antes de 1992, la participación de las mujeres incrementaba de forma irregular y discreta

Pero después de los Juegos de Barcelona 92, el incremento de mujeres en las delegaciones fue constante y notorio.
Aumento de la participación olímpica después de 1992
¿Qué fue lo que impulsó ese cambio? La intervención de una física nuclear, una ministra y una abogada. Ellas conformaron el Comité Atlanta Plus, que lanzó una iniciativa para que el COI se comprometiera a eliminar la discriminación de las mujeres en el deporte.
Si quieres saber más, checa:
[1] http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/a-womans-place-is-at-the-games-1327620.html
[2] http://www.francetvsport.fr/annie-sugier-l-apartheid-sexuel-existe-toujours-143532?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+francetv-sports+(Sport+France+Télévisions)











