LA PRUEBA DE SEXO: A 50 AÑOS DE HUMILLANTES SOSPECHAS

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Por: Claudia Pedraza

Ella era capaz de correr 100 metros en 11 segundos. En 1967, algunos pensaban que ese tiempo era increíble para una mujer. Literal, increíble. Tanto, que para creerle, la Federación Internacional de Atletismo la obligó a someterse a una evaluación física para comprobar que efectivamente era mujer. Y la reprobó. Por eso, la velocista polaca Eva Klobukowska se quedó fuera de los Juegos Olímpicos de México 68: por no “ser mujer”.

Casi 50 años después, la sudafricana Caster Semenya llega a los Juegos de Río de Janeiro 2016 tras una gran cantidad de exámenes fisiológicos, endocrinológicos y genéticos que le permiten participar en la prueba de 800 metros de la rama femenil. Apenas en el 2015, el Comité Olímpico Internacional publicó las reglas para permitir la participación de las atletas con hiperandrogenismo[1], una condición que presenta Semenya, la india Dutee Chand y algunas otras deportistas. Los resultados de los exámenes no dicen que Semenya o Chand sean mujeres; solo que se les permite correr “como mujeres”.

Lo que comparten Klobukoswska y Chand es la sospecha. Una sospecha que a lo largo de cinco décadas ha obligado a decenas de mujeres a cambiar sus vidas.

Los Juegos de México en 1968 se consideran un parteaguas en el deporte femenil porque por primera vez una mujer, Enriqueta Basilio, fue la encargada de encender el pebetero olímpico. Pero pocos saben que en esos juegos se introdujo una de las prácticas más polémicas del olimpismo: la prueba de sexo.

También conocida como sex test, la prueba se realizó por primera vez en el Campeonato Europeo de Atletismo de 1966, en Budapest. Su origen: la sospecha de que algunos países de la Unión Soviética  y de Europa del Este estaban registrando varones para competir en la rama femenil.

¿En qué consistía el sex test? En presentarse desnuda ante un grupo de expertos (varones, claro está) quienes después de una exploración física (especialmente de los genitales) determinaba si una atleta era mujer o no. Eva Klobukowska,  que ya había sido medallista de los Juegos de Roma 1964, fue la primera mujer en “reprobar” esta prueba, en el Campeonato Europeo de 1967.

Dutee Chand. Foto: Indianexpress.com
Dutee Chand. Foto: Indianexpress.com

Su caso influyó para que el Comité Olímpico Internacional (COI) decidiera realizar la verificación de sexo obligatoria de todas las mujeres que participaron en los Juegos del 68, pero con una prueba más sofisticada: el frotis bocal para detectar la presencia de los denominados Cuerpos de Bar. Se consideraba que estos cuerpos correspondían al patrón cromosómico de las mujeres, así que se tomaba una muestra de la mucosa oral de cada atleta, y si el resultado era positivo, obtenían su certificado de feminidad.

La prueba de sexo se mantuvo como obligatoria para las atletas hasta los Juegos de Atlanta 1996. Para ese entonces, el frotis bucal había quedado atrás, sustituido por complejos estudios moleculares que analizaban el ADN de las mujeres. El COI determinó que aplicar la prueba general era un desperdicio, por lo que solo se solicitaría en casos “especiales”. Uno de ellos era el de la judoca brasileña Edinanci Silva, quien se sometió a numerosas intervenciones quirúrgicas para reconstruirse el clítoris y a tratamientos hormonales para disminuir sus niveles de testosterona, con el fin de obtener su certificado de feminidad.

Casos como el de Silva desataron debates científicos y éticos acerca de la pertinencia de la prueba, que terminaron en el año 2000, cuando el COI decidió eliminarla de cualquier competencia.

Edinanci Silva, judoca brasileña. Foto: Alchetron
Edinanci Silva, judoca brasileña. Foto: Alchetron

La tregua duró sólo una década: en el 2009, el triunfo de Caster Semenya en el Campeonato Mundial de Atletismo volvió a colocar el tema en la mesa de discusión. La polémica fue tal que desde Londres 2012, el COI reincorporó la verificación de sexo al programa olímpico, la cual se mantiene para los Juegos de Rio 2016.

Pero ya no se trata de presentarse desnudas. Tampoco del frotis bucal. Ni de los estudios genéticos. Lo que ahora determina si una deportista puede o no participar “como mujer” es la medición de niveles de andrógenos.

Los tipos de pruebas han variado, pero lo que se mantiene es la sospecha. Si una deportista obtiene resultados sobresalientes y no “parece” mujer, la sospecha es que se trata de un hombre. El problema con esta sospecha es que se basa en un prejuicio: se compara a las atletas con un estándar construido de “cómo debería lucir” una mujer. Nadie puede saber, a simple vista, cuáles son los niveles de testosterona de una deportista. O si sus órganos reproductivos cumplen con su forma y función. O si su ADN corresponde con el patrón cromosómico femenino. Lo único visible es una apariencia que no corresponde con el modelo “normal”, y con este juicio, se afecta la vida de mujeres reales.

Eva Klobukowska tenía pechos pequeños y muchos músculos; por eso reprobó. Un año después de fallar el examen que avalaba su condición de mujer, se convirtió en madre. Si en vez de hacerla desfilar desnuda le hubieran aplicado el frotis bucal, habría pasado la prueba. Si Edinanci Silva hubiera iniciado su trayectoria olímpica en Sidney 2000, no se habría tenido que someter a ninguna operación ni tratamiento. Para esos años, el COI no aplicaba la prueba de sexo. Pero su primera participación en los juegos fue en 1996, cuando todavía se les exigía a ciertas atletas demostrar que eran mujeres.

Santhi Soundarajan intentó suicidarse luego de que le retiraron su medalla de oro en los 8000 metros de los Juegos Asiáticos en el 2006, por no pasar la verificación de sexo. La humillación pública que enfrentó se hubiera evitado con las nuevas reglas del COI, que avala la participación de las atletas que presentan sus mismas características.

Desde que la verificación de sexo se hizo obligatoria, no se ha encontrado ningún caso de hombres compitiendo como mujeres. Solo de mujeres que presentan características consideradas masculinas, con la condición de hiperandrogenismo. Hasta la fecha, no hay ningún estudio contundente que demuestre en que esta condición sea determinante para que las mujeres obtengan un triunfo. De hecho, otras atletas  que sí han pasado la prueba han superado a Chand, a Semenya o a Soundarajan.

El hiperandrogenismo es una de las muchas variaciones que pueden presentar los cuerpos humanos. Los brazos de Michael Phelps son más largos que lo que se considera “normal” ¿El COI lo ha obligado a realizarse un examen para demostrar que es “humano”? No.  El cuerpo de los clavadistas chinos es más menudo que el de muchos hombres. ¿El COI los ha obligado a realizarse un examen para comprobar que efectivamente son hombres? No.

Entonces, ¿el problema está en las atletas o en las formas de determinar “que es” una mujer?

[1] Condición que ser caracteriza por una alta producción de andrógenos.

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