Por Claudia Pedraza
En julio, cuando la Liga MX Femenil inicie, Socorro Gutiérrez estará a punto de cumplir 30 años. Para un futbolista, sería inconcebible pensar en un debut profesional a esa edad. Los jugadores de la Liga MX tienen 28 años en promedio. Debutan entre los 17 y los 20 años. Pero no a los 30.
A Soco no le importa esto. Durante dos décadas forjó ese sueño. Y ahora lo puede cumplir. Ella fue una de las más de 500 jugadoras que durante tres días pelearon por un lugar para el equipo de Monarcas Morelia, uno de los primeros en realizar visorias para la naciente liga. A los entrenadores del club moreliano les sorprendió la respuesta: no solo llegaron chicas de todo el estado, sino de estados vecinos y otros, un poco más retirados, como Quintana Roo o Tamaulipas. Miles de kilómetros recorridos para buscar un lugar en la primera liga profesional de futbol femenil del país[i].
Casi todas eran menores de 23 años, porque fue el límite de edad impuesto por la FEMEXFUT. Socorro sobrepasa ese límite por 6 años. Para algunos, esto sería desalentador. Pero cuándo se anunció que se permitirían dos jugadoras mayores de esa edad por equipo, no lo dudó. “Era una oportunidad. Tenía que tomarla”, cuenta emocionada. Y lo consiguió: quedó en la lista preliminar de 40 jugadoras con las que el club michoacano trabajará antes de iniciar el torneo.
“Durante años, jugar en un equipo profesional fue un sueño. Un sueño guajiro, me decían muchos. Si se logra, será un sueño hecho realidad. Y si no, seguiré jugando. Dejar el futbol, para mí, no es opción”.
El futbol es su vida. En alguna ocasión, también la puso muy cerca de la muerte. Pero si ni la cercanía con la muerte la alejó de las canchas, un límite de edad tampoco lo hará.
La niña que jugaba como niño
El sueño guajiro de Socorro comenzó viendo jugar a Rafa Márquez. Porque era michoacano como ella, porque jugaba de defensa central como ella y porque cuando comenzó a jugar, un ídolo solo podía ser hombre. Le emociona pensar que eso puede cambiar. Que las niñas de este país pueden tener ídolas. Que ella misma puede ser una.
Enfrentó lo que cientos de mujeres que comenzaron a jugar en los noventas: la falta de espacios. Nació en Zacapu, una pequeña ciudad ubicada al norte de Michoacán, donde las niñas no jugaban futbol porque no había equipos femeniles. Pero ella, que creció viendo jugar a su papá y a su hermano mayor, cambió esa situación.
“Mi papá y mi hermano tuvieron que hablar con los dirigentes y delegados de la liga municipal para obtener un permiso especial para jugar con niños. Y así debuté, en un equipo varonil, a los 10 años. Era una niña jugando como niño”.

La experiencia con los equipos varoniles la forjó para destacar más adelante en los equipos de mujeres. Gracias a esto, a los 14 años, la zaguera michoacana recibió su primera convocatoria para concentrarse con la selección nacional sub 17.
Soco acababa de ingresar a la preparatoria. Pensar en vivir del futbol, siendo mujer, simplemente no era posible. Por eso, sus padres le dijeron que podía seguir jugando pero sin descuidar la escuela para después estudiar una carrera. Así, durante cerca de dos años, tuvo que negociar con sus profesores las tareas, los exámenes y las faltas que se acumulaban durante el par de meses que duraban las concentraciones con la selección.
“Tenía que trabajar más, era doble esfuerzo para no descuidar la escuela, pero vivía con la ilusión de jugar en la selección, ir a un mundial, ser campeona”, recuerda. Pero todo quedó en la pura ilusión: nunca apareció en la lista final del equipo.
“Muchas veces, no solo yo, sino otras jugadoras fuimos desplazadas por las chicas de doble nacionalidad. Hacías todo el proceso y al final te decían: con permiso, no tienes cabida aquí. Y te quedabas con un amargo sabor de boca. Ya luego ni te ilusionas cuando te dicen que estás considerada para la selección, porque sabes cómo se manejan las cosas ahí”.
Una década después, en el 2015, la michoacana consiguió ser campeona mundial. Junto con otras siete chicas, formó parte del equipo nacional que se coronó en el torneo mundial de futbol callejero[ii] (Street Soccer). A su modo, encontró la forma de cumplir con su ilusión.
Las Reinas de un reino sin recursos
Aunque le emociona, Soco ya sabe lo que significa jugar con la casaca de Monarcas. Hace algunos años, la directiva del club formó un equipo con la intención de participar en la Superliga Femenil[iii], una de las pocas ligas nacionales para mujeres. Ella fue convocada a este equipo, y así, todos los viernes al terminar sus clases, tomaba un camión de Zacapu a Morelia para llegar al entrenamiento y jugar el partido los fines de semana. El proyecto era prometedor. Pero hay promesas que no se cumplen y tras un torneo, el club dejó de apoyar. La misma historia, siempre.
Le pasó antes, con un equipo de la liga juvenil de Morelia. Le pasó después, con el equipo femenil de Monarcas. Y desde hace una década, es el problema que enfrenta cada torneo con Las Reinas, equipo con el que actualmente juega.
Las Reinas son un referente del futbol femenil nacional amateur. Durante los últimos diez años consiguieron cinco campeonatos de la Superliga, además de numerosos títulos de la Copa México Telmex y otros torneos. Se llamaron Reinas del SUEUM cuando las financiaba el sindicato de la universidad pública michoacana; luego fueron Reinas Montrer cuando una universidad privada les brindó apoyo; y ahora, se llaman Reinas CEFEM, apoyadas en parte por la comisión estatal del deporte. Ni con todos sus campeonatos han logrado asegurar los recursos para seguir jugando.
“Todo el mundo quiere ganar algo con el futbol femenil, pero pocos quieren invertir. Y de entrada, al futbol femenil hay que invertirle. No hablamos ni siquiera de un pago a las jugadoras: hablamos de los uniformes, de los arbitrajes, de los viáticos para ir a jugar a otro lado, de lo mínimo necesario para poder jugar”.
Cuando Soco dice que al futbol femenil hay que invertirle sabe de qué habla. Ella misma lo ha hecho. Hace un par de años, junto con otras tres amigas fundó el Centro de Formación del Futbol Femenil (CEFFEM) [iv].

Pero si obtener recursos para un equipo de futbol es difícil, conseguirlos para una escuela de futbol femenil es todavía más. Sabiendo esto, armó una vaquita para comprar el material de entrenamiento, pidió permiso en la escuela donde trabajaba como entrenadora para que les prestaran una cancha y con esto, iniciaron el centro.
Cuando cambiaron los directivos de la escuela que les prestaba el espacio, tuvieron que buscar otro. Por un tiempo rentaron una cancha, pero se volvió incosteable. Luego solicitaron apoyo al municipio, a universidades y a otras instituciones, hasta que las autoridades estatales les rentaron un lugar, compartido con otra escuela de futbol varonil. Después de este peregrinar, el CEFFEM trabaja hoy con alrededor de 50 jugadoras infantiles y juveniles.
“Como su nombre lo dice es un centro de formación. No muchas van a llegar a un equipo ni una selección. Pero lo que queremos con este proyecto es lograr una formación integral, para que las que vengan sean deportistas, socialicen y disfruten de todas las bondades que te da este deporte”.
Las alumnas del CEFEM participan en las ligas locales, los selectivos de la olimpiada estatal, y cuanto torneo femenil sea posible. Y ahora, también en las visorias para la Liga MX. De hecho, seis de ellas quedaron en la lista preliminar de Monarcas, además de la propia Soco. Todas entrenadas por ella y por las otras fundadoras del centro. Porque además de jugar, esta mujer está certificada como entrenadora por la Escuela Nacional de Directores Técnicos (ENDIT). Así que, sí como jugadora no debuta en la liga… ¿quién sabe? Quizá su sueño guajiro se cumpla desde el banquillo.
La vida, como una oportunidad.
“Dejar el futbol no es opción”. Lo dice en serio. Su vida está en la cancha. Una vez estuvo a punto de dejarla ahí.
En el 2010, durante una semifinal de la Superliga en Tlaquepaque, Jalisco, chocó con los puños de la portera en una jugada de gol, al intentar rematar de cabeza. Cayó noqueada al piso, con un edema cerebral. A sus compañeras se les cortó el aliento al ver que no respondía. El golpe fue brutal. Los paramédicos la trasladaron al hospital en medio del desconcierto de las jugadoras. Todos temían lo peor.
Duró una semana en el hospital. Poco a poco fue cobrando movilidad y conocimiento. Al inicio, no podía comer ni bañarse por sí misma. Las secuelas del golpe la mantuvieron alejada de las canchas durante seis meses. Su familia le dijo que no iba a jugar más.
“Sobre todo mi mamá. Me pedía, casi suplicaba que ya no jugara. Y la entendía. Fue muy duro y tenía miedo. Yo también tenía miedo. Pero era lo que más quería”.
Poco a poco, Soco comenzó a trotar, a agarrar el balón, a recuperar condición. Regresó con Las Reinas al siguiente torneo.
“Cuando regresé a la cancha el miedo seguía latente. Pero fui tomando confianza, borrando el recuerdo. Estar así, lejos de la cancha, me cambió la visión de la vida. Piensas que se te puede ir en un instante. Empiezas a valorar lo que eres, lo que tienes y a la gente que está a tu alrededor. Ves la vida como una oportunidad y la tomas”.
Por eso, aunque sabía que tenía pocas posibilidades al acudir a la visoria de Monarcas, se lanzó. Existía una oportunidad. Durante 20 años no tuvo nada de lo que ahora promete la liga: recursos, espacios, difusión. Así que tampoco tenía nada que perder. Quizá, como le pasó otras veces, no quede en la lista final. Pero tiene un chance y con eso basta para seguir soñando.
Habrá quien piense que para una jugadora de casi 30 años esta es la última oportunidad de cumplir el sueño. Ella sabe que la vida es una oportunidad todos los días.
[i] https://diosasolimpicas.com/2016/12/el-sueno-hecho-realidad-o-casi/
[ii] http://ladelantera.com/2015/09/19/seleccion-mexicana-de-futbol-de-calle-campeonas-del-homeless-world-cup-amsterdam-2015/
[iii] Oficialmente, llamada Liga Mexicana de Futbol Femenil
[iv] Marta Ureña, Maripaz Barbosa y Angélica López. http://www.cambiodemichoacan.com.mx/nota-236091











